El cuarto diecinueve

 

         Hacía más frío que ahora y también lució el sol pero yo ya tenía bien encendido el corazón y terminaste de fundírmelo.

Llevabas el pelo largo, castaño por el día, del oro a la luz de la noche, brillante, sedoso, espeso; la barba perfilada, los párpados caídos por la suavidad con la que pueden mirar esos ojos del cielo; el gesto amable, la sonrisa tranquila, sencilla y limpia. La pose la dejaste para el resto.

Dijeron –dicen, y da igual dónde- que ibas de chulo, macarreta barriobajero de maneras toscas y miradas de trueno, y te quisieron buscar la tormenta pero sólo encontraron sarcasmos, respuestas justas y palabras tan directas como honestas. Dijeron –como siempre, qué aburrimiento…- que te sobra mala leche, que eres difícil, mandón y matón perdonavidas. Que te sobra talento, también, que eres el animal cinematográfico más grande de los últimos años, también, que llenas la pantalla y rebosas magnetismo, fuerza, carisma, fuego y sexo hasta reventar, pero que te falta estilo, modos, educación y respeto.

¿Sabes lo que a mí me parece? Que todo eso no son nada más que palabras, que dichas, duran un suspiro, escritas, las puedes recordar durante un tiempo, pero si son sentimientos se quedarán. Y para mí sigues siendo todo eso, no has cambiado ni un ápice de esos tópicos típicos, tan fáciles, tan livianos de usar, tan manidos, tan divertidos de leer por lo ridículo de su expresión, por cómo suenan, por cómo se juega con ellos, se inventa, se quita o se pone. Y sin embargo, ¡cuánto más fácil es que todo eso! Porque no se necesitan palabras para hablar de sentimientos, sólo basta con mirar, con tenerlos, con razones o sin ellas, qué más da si los estás llevando tan dentro.

Así que yo ya dejé hace mucho de contarlos pero ahí siguen, igual que entonces, que aquel día, que la primera vez que me quitaste el aliento que todavía no me has devuelto.

Tú eres estas palabras, la gente que las está leyendo, la que me has dado, la que está cerca y lejos, la que me saca lo mejor, lo más sano e insano que tengo, y te sigo queriendo por lo que haces, lo que eres y por todo eso que sólo sabemos tú y yo y que tanto te agradezco.

Que te siga yendo bien en la vida ya que nunca dejarás de ser hermoso ni arrebatadoramente auténtico. Equivócate o vuelve a destrozarme el alma en una pantalla, no eres un ideal ni quieres serlo. Eres tan real como irreal tu sonrisa. Yo me conformo con recordar todos los años que me queden un diecinueve de febrero.